Boostrap Paradox
Los autómatas mueren en el pasado, en el bosque, perseguidos por aquello que terminará convirtiéndose en su destino. Sus almas regresan al Vacío, donde Lilith, ahora emperatriz, los reconstruye a partir de los recuerdos que conserva de ellos. No obstante, al despertar en la habitación del Reino Helado, no son simples réplicas mecánicas: Lilith les ha devuelto sus almas, su voluntad y sus personalidades.
Son los mismos autómatas que, tras sacrificarse, serán preservados hasta el futuro, donde Lilith los enviará de vuelta al pasado para salvarla.
Pero existe una paradoja en el corazón de su creación. La personalidad de los autómatas depende de los recuerdos que Lilith conserva de ellos; sin embargo, esos recuerdos existen porque ella los conoció durante su infancia, y pudo conocerlos porque los propios autómatas viajaron al pasado para protegerla.
Lilith los recuerda como héroes porque fueron sus héroes. Los crea con las personalidades que aprendió a amar, y esas mismas personalidades son las que los convierten en los héroes que ella recuerda.
Así, Lilith crea a sus propios salvadores, pero nunca llega a ser su creadora original en el sentido convencional. No existe una primera versión de los autómatas, ni un momento en el que su existencia comience de forma independiente. Su origen está en su destino, y su destino, en su origen.
Son seres nacidos de los recuerdos de alguien a quien todavía no habían salvado. Almas que existen porque una mujer las recuerda, y que esa mujer recuerda porque ellas existen.
Un bucle infinito en el que Lilith siempre será su creadora y ellos siempre serán sus salvadores.